Medios de comunicación

El analfabetismo político como fundamento de la manipulación mediática

El analfabetismo político como fundamento de la manipulación mediática

El peor analfabeta es el analfabeta político – El Portal de la Gente

Es evidente que los medios de comunicación concentrados se han convertido en un ariete fundamental de la dominación oligárquica. Como ya constituyen uno más de sus poderes, no sólo son un vehículo comunicacional de sus valores e intereses, sino que también ya forman parte de sus acciones y operaciones inescrupulosas contra los intereses de la nación y el pueblo.

El accionar manipulador e inescrupuloso, prácticamente golpista, de los grupos que concentran a los medios de comunicación, como Clarín, Infobae, La Nación, América, Telefe y Perfil, con sus comunicadores mercenarios, porque han abdicado de su profesión de periodistas, está directamente dirigido a erosionar y desestabilizar al gobierno nacional y popular de Alberto Fernández. Con informaciones falsas, operaciones mediático-judiciales fraudulentas y oponiéndose a “todas” las medidas del gobierno, han logrado envenenar a una parte de la ciudadanía. Defienden a ultranza los intereses de la oligarquía, atacan sistemática y arteramente la figura de la Vice Presidenta Cristina Fernández y sus diatribas en contra del país son continuas. Todo el tiempo están Inculcándole a la juventud la perversa la idea de que la Argentina está perdida. Cada vez que le escucho decir a Antonio Laje: “No es lindo irte de tu país, pero no te queda otra”, estallo de indignación y rabia.

Hay una pregunta respecto de la cual no encuentro respuesta, Jorge Lanata, Alfredo Leuco, Diego Leuco, Marcelo Longobardi, Baby Etchecopar, Eduardo Feinmann, Luis Novaresio, Antonio Laje, Ernesto Tenembaum, Marcelo Bonelli, Adrián Ventura, Alejandro Fantino y otros, para no extender demasiado la lista, ¿cómo harán, después de mentir, manipular y boicotear al país y su pueblo con tanta perversión y saña, para sentirse personas dignas? Claro que, si para ellos la dignidad no es un valor, la pregunta pierde toda su carga dramática, que es lo que intuyo sucede. ¿Cómo hará Alfredo Leuco, después de mentir con todo descaro y alevosía todos los días, para sentirse una persona digna?, él, que termina sus editoriales mentirosos y manipuladores con un: “Le doy mi palabra”? Qué poco vale su palabra Alfredo Leuco.

El blanco de todo este despliegue es una ciudadanía que carece de espíritu crítico y formación política. De esta forma el analfabetismo político de un parte importante de la ciudadanía se convierte en la materia prima de una opinión pública promotora de un consenso favorable a los valores e intereses de la oligarquía y contraria a los del país y el pueblo.

Está claro, una ciudadanía con baja consciencia política no puede generar políticos de buena calidad democrática, sino igualarlos en un conjunto de buscadores de réditos personales y/o corporativos. Si la ciudadanía no eleva su nivel de alfabetización política, sus representantes se igualarán hacia abajo en su desconocimiento y traición del mandato popular.

El ignorante político dicotomiza al pueblo de sus gobernantes. Como si más allá de la relación representantes-representados no hubiera nada más. Unos están para conducir, los políticos y otros para ser conducidos, el pueblo. Ha naturalizado su despolitización y, por lo tanto, ha asumido que debe ser conducido en forma externa. En su ingenua dicotomización hay un papel idealizado para los políticos, que sin la incidencia ni el control por parte de sus representados, igual deben cumplir al pie de la letra su mandato, trabajando a favor de los intereses y bienestar de las mayorías que los votaron. Salvo excepciones, que las hay, en general esto no sucede y por varias razones. Porque no son incididos, ni controlados adecuadamente por sus representados, y porque sí reciben la presión y condicionamientos de los poderes fácticos, que los seducen con prebendas y distintos tipos de beneficios y, cuando no responden, los extorsionan de diferentes formas con la fuerza de su poder. De esta manera la mayoría de las veces la idealización termina convirtiéndose en frustración.

Como la corrupción coyuntural es transversal a todos los gobiernos, del signo ideológico que sean, la idealización es un problema para personas que no perciben la contradicción fundamental y sólo priorizan contradicciones secundarias como las partidarias,

La opinión pública creada por los medios de comunicación hegemónicos analiza la realidad a partir de lo que podríamos denominar una visión metafísico-moral. Este enfoque provoca lecturas ingenuas del fenómeno político. Obviamente, promovidas y alentadas en todo momento por la oligarquía, porque son lecturas despolitizadoras de la ciudadanía y despolitizantes de la realidad política.

Una parte importante de la ciudadanía, por supuesto, con su bajo nivel de alfabetización política, colabora con esa lectura. ¿Cómo es esa lectura? Se trata de una lectura formal, normativa, descontextualizada, prácticamente escolar de la política. La clave para entenderla está en ver cómo desparecen dos supuestos fundamentales para comprender las reglas de juego de la política concreta:

  1. La división dominadores-dominados (oligarquía-pueblo), como certeza fundacional para realizar una lectura filosófico-crítica (contradicción fundamental).
  2. Las relaciones de poder como lógica de los procesos políticos (el juego político como una lógica de lucha de poderes)

Fijémonos que estos supuestos están desaparecidos en la mayoría de los análisis y debates en el espacio mediático, dominado en un noventa por ciento por el monopolio hegemónico que expresa los intereses de la oligarquía. Por supuesto que una gran parte de la ciudadanía, dado su bajo nivel de alfabetización política y la influencia de los medios hegemónicos, ignora estos supuestos y, por lo tanto, no aparecen en su lectura.

Los presupuestos de la ciudadanía, en su lectura metafísico-moral, son los siguientes: el pueblo delega su poder en representantes políticos, quienes asumen un compromiso de contenido “moral” con sus representados. Dicho compromiso les obliga a la transparencia total en el ejercicio de sus funciones, así como a rechazar todo tipo de presiones y/o condicionamientos de los poderes fácticos, o cualquier otro poder, que implique un desvío de su objetivo primordial: cumplir con el mandato de sus representados. Por eso, cuando los políticos no cumplen con su “compromiso”, sobre todo por la ruptura de las conductas transparentes, la opinión pública, formateada por los medios hegemónicos, entra en una fase de irritación ética y se ve invadida por una sensación de “asco moral”, que queda expresada en las consabidas y remanidas frases: “los políticos son todos iguales”, “son todos lo mismo”, “son todos ladrones y corruptos”. Esto, por supuesto incrementa notablemente su apatía política, la que es totalmente funcional a los intereses de la oligarquía.

Por supuesto que esta es una lectura idealista (en el sentido craso del concepto), por lo tanto alejada de la realidad en varios aspectos, como enseguida veremos. A esta conducta nosotros la vamos a denominar: “escepticismo irresponsable”, porque los ciudadanos no comprenden y, por lo tanto, no hacen nada para cambiar, que la acción de delegar un poder implica, por lo menos, responsabilizarse de dos conductas:

  1. Incidir y presionar a sus representantes para que cumplan con el mandato entregado.
  2. Controlarlos a los efectos de que no incurran en incumplimientos y actos de corrupción, así como reclamar sanciones si lo hicieran.

En una palabra, implica asumir la necesidad de su empoderamiento y politización. Ahora bien, ¿cómo pueden insultar a los políticos personas a las que se les infla el pecho gritando que son apolíticas, que dicen todo el tiempo que no les interesa la política? Estas personas no saben, a pesar de las experiencias que los lastiman, que si no se hacen cargo de la política, la política se hará cargo de ellas.

¿Qué es lo que ignora la ciudadanía, por lo que equivoca su lectura, con nefastas consecuencias para el conjunto de la población? Ignora que:

  • La clave para entender los procesos políticos está en el conocimiento de la certeza fundacional: la división dominadores-dominados, que hoy se expresa en la contradicción oligarquía-pueblo.
  • Esta división fundamental instala un conflicto básico y, que dicho conflicto, se expresa inevitablemente en disputas de poder.
  • En el marco de dicho conflicto de intereses y luchas de poder, el ADN de los sectores dominantes los lleva a buscar y practicar todo tipo de mentiras, estafas, operaciones y manipulaciones, a los efectos de conseguir dominar las consciencias de los ciudadanos.
  • No es la moral la que rige los fenómenos políticos, sino el poder.

La ignorancia de todos estos hechos es lo que les impide inferir una serie de otras situaciones que les permitirían entender el fenómeno político de una forma crítica.

Ahora bien, la ignorancia política de una parte importante de la ciudadanía, es explotada y estimulada todo el tiempo por la oligarquía a partir de su dominio de los medios de comunicación y las redes sociales. En su ataque a los gobiernos nacionales y populares que despectivamente denominan “populismos”, han instalado en la población, con su poder de agenda, la hipótesis de la “corrupción” política de los gobiernos “populistas”, que han convertido en su caballito de batalla. Con esto operan directamente sobre los supuestos en que se basa la lectura de la realidad de una ciudadanía políticamente ignorante. De esta manera logran ocultarle la realidad a una ciudadanía, que no comprende que la corrupción coyuntural es transversal a todos los gobiernos, que los poderes fácticos condicionan severamente a las administraciones de sesgo nacional y popular, y que, si bien un gobierno de sesgo nacional y popular puede tener actos de corrupción, lo central es lo que hace con el Estado, en qué medida lo usa a favor de los intereses populares y no de los poderes concentrados de la economía que lo presionan y condicionan todo el tiempo.

La acción manipuladora de la oligarquía, sumada a su desconocimiento de estos hechos, hace que la ciudadanía entienda, equivocadamente, como central, el comportamiento moral del gobierno y, entonces, lo encuentre corrupto y equiparable, incluso, a los gobiernos oligárquicos. De ahí que termine diciendo. “todos son iguales” y se hunda en una mayor apatía política de la que de por sí ya tiene.

Dada la importancia que tiene la alfabetización política de la ciudadanía en lo que hace a la resistencia a la manipulación mediática y la constitución de la opinión pública, una de las conclusiones de esta breve reflexión debe ser la toma de consciencia de la necesidad de asumir, más allá de la que le corresponde al Estado a través del sistema educativo, la responsabilidad personal, indelegable e incondicional, de elevar nuestro nivel de alfabetización política, así como ayudar a que nuestros compatriotas lo hagan.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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