Cuestionar la deuda odiosa es la mejor estrategia
Cuestionar la deuda odiosa es la mejor estrategia
La deuda externa es un claro instrumento de disciplinamiento de los países de la región para obligarlos a aceptar las condiciones del sistema de dominación impuesto por la geopolítica de Washington y su proyecto de poder, implementado mediante la teoría y práctica del modelo neoliberal. Es casi de un film surrealista, pero el FMI le niega el crecimiento a la Argentina, a la vez que le exige un ajuste fiscal. ¿Puede haber un despropósito mayor? Increíble pero real.
A los escépticos e incrédulos, les pedimos que analicen cuáles son las condiciones que intenta imponer el FMI para negociar, lo que no es una interpretación, sino un hecho objetivo. El FMI pretende que la Argentina realice un ajuste fiscal en un país que tiene un cincuenta por ciento de pobres. ¿Imaginen cuáles pueden ser las consecuencias de semejante despropósito? Estalla la Argentina. Mientras tanto, los que la hundieron y quieren volver para terminar su macabra obra, utilizan todo tipo de ardides para inculpar de fracasado al gobierno del Frente de todos. Así de cínicos, hipócritas y perversos son estos vende patria. Aunque sea difícil de creer, están haciendo todo lo posible y lo imposible para que el problema de la deuda, que ellos crearon y fugaron, le estalle al gobierno de Alberto.
Frente al tremendo problema, porque la deuda es a todas luces completamente impagable, vemos dos estrategias:
1) La de una negociación extraordinariamente compleja, porque no están dadas las condiciones para llegar a buen puerto. El FMI no sólo quiere cobrar, sino que, como la deuda está en manos de Washington[1] se convierte en un instrumento para impedir que nos desarrollemos y seguir siendo uno de sus patios traseros para hacer buenos negocios comerciales y geopolíticos. Cualquier tipo de acuerdo con el FMI, el que fuere, tiene costos elevadísimos para la Argentina. Cuando tomamos conciencia de cuál es el objetivo de la deuda, todo se aclara. La deuda es usada por Washington para extorsionar a los países en el marco de sus intereses geopolíticos. Por eso, las supuestas “ayudas” de Estados Unidos son, en realidad, salvavidas de plomo. ¿Por qué? Porque los países endeudados, no sólo son presionados para que limiten su crecimiento económico y realicen ajustes fiscales, reformas laborales y de sus sistemas jubilatorios, sino que deben alejarse y, en muchos casos, sumarse a determinadas acciones de boicot, de aquellos países que se resisten a las imposiciones económicas y políticas de Washington, como Venezuela, Nicaragua y Cuba, así como los que poseen gobiernos progresistas. En una acción claramente injerencista, la Secretaría de Estado de Norteamérica, recientemente ha pedido explicaciones a la Cancillería de Argentina por su presidencia temporal de la CELAC. Dicha Secretaría también cuestionó la presencia del gobierno argentino en la asunción de Daniel Ortega a la presidencia de Nicaragua. La política de Washington es: “te ayudo pero con condiciones”. Y las condiciones son tremendas. Cualquier acuerdo al que se llegué representará “duras” restricciones y condicionamientos para nuestra patria. Está claro, que ninguno de los medios concentrados va a mencionar este injerencismo, por lo que una gran parte de la ciudadanía se la va a pasar diciendo, “yo no sé por qué no acuerdan de una vez con el FMI”. Lo que no saben estas personas es que “cualquier” acuerdo con el FMI, sin duda, es un “pacto con el diablo”. Es importante comprender que los medios de comunicación hegemónicos dan por sentado el acuerdo, ni una palabra de alguna otra alternativa. Fíjense cómo los grandes matutinos que marcan la agenda de los medios de comunicación concentrados, de forma sincronizada, “colaboran” con la presión injerencista de Washington:
Conclusión, el FMI no va a aflojar en su intención de disciplinarnos hasta el fin. Por su parte, la Argentina, no puede aceptar ninguna negociación que implique un obstáculo a su desarrollo y crecimiento, menos aún aceptar el quite de la sobre tasa y el alargamiento de los plazos a cambio de un ajustes fiscal, la flexibilización laboral y la reforma del sistema de jubilaciones y pensiones, por lo tanto, los términos de cualquier acuerdo con el FMI son muy poco viables para un país que desea salir de su postración. No sólo vamos a tener que pagar, por supuesto con facilidades leoninas, sino que vamos a tener que detener nuestro crecimiento, perder soberanía política, soberanía económica y convertirnos, además, en socios de sus tropelías injerencistas en los países hermanos de la región.
2) El otro camino es el cuestionamiento de la deuda, ya que ésta fue contraída en una situación completamente anómala y fraudulenta. Está claro que esta estrategia también tiene una enorme complejidad, pero, aún así, como vamos a ver, es las más conveniente.
Uno de los problemas para el abordaje de esta estrategia está en el control de los medios de comunicación y las redes sociales por parte del bloque de poder de la oligarquía. La capacidad de este bloque para construir opinión pública y generar climas de opinión para boicotear al gobierno, es enorme. Tanto es así, que el gobierno está atemorizado en lo que hace a tomar decisiones y, más aún, decisiones que requieren necesariamente un fuerte apoyo popular, que seguramente será saboteado por los medios concentrados y toda su caterva de comunicadores mercenarios. Sin embargo, esta estrategia tendría que ser considerada por el gobierno, que debería comenzar a prestarle atención y preparar el terreno. Es un enorme desafío, pero seguramente genera más esperanzas para nuestro país y pueblo, que llegar a un acuerdo en los términos que pretende el FMI (en realidad,Washington). No obstante, y debemos señalarlo, esta estrategia tiene dos grandes obstáculos, uno interno y otro externo. El primero, es el bloque de poder de la oligarquía, que configura una poderosa oposición al gobierno nacional y popular, con enormes recursos y dispuesto a todo para volver a hacerse con el gobierno. Se destacan aquí los medios de comunicación concentrados, con su capacidad para crear climas de opinión adversos y desestabilizadores del gobierno. Cualquier decisión del gobierno que vulnere los intereses de dicho bloque es virulentamente impugnada desde estos medios que dominan el noventa por ciento del espacio mediático. Tanto es así, que el gobierno ya ha mostrado su temor a Clarín en varias ocasiones.
El otro obstáculo, el externo, tiene que ver con el contexto regional que, lamentablemente, viene siendo desmembrado por los gobiernos neoliberales subordinados a Washington. El contexto para asumir decisiones políticas importantes para la patria y el pueblo es muy desfavorable a los gobiernos que intentan luchar contra la subordinación que imponen las oligarquías locales asociadas a Washington. Debemos tomar conciencia que sin la integración continental de América latina y el Caribe, las posibilidades de desarrollo y transformación de nuestros países son muy pocas, prácticamente no tenemos futuro. Fijémonos cómo es boicoteada sistemáticamente la integración geopolítica soberana de nuestra región. Observemos cómo apenas asumen, los gobiernos neoliberales se retiran de los organismos de integración regional, como la UNASUR, la CELAC, el Mercosur, o los boicotean. El presidente de Uruguay Luis Lacalle Pou, apenas asumió su mandato, lo primero que hizo fue salir de la UNASUR, luego cuestionó el Mercosur y hoy, sin haberlo abandonado, no participa de sus reuniones. Jair Bolsonaro, lo mismo, abandonó la UNASUR y la CELAC. Paraguay abandonó la UNASUR, Chile abandonó la UNASUR. En fin, todos como soldaditos disciplinados de Washington, abandonando y boicoteando los organismos de integración de la región. También crean grupos, como el de Lima, para atacar y desestabilizar a los gobiernos que se resisten a ser “patio trasero” de Washington, como Venezuela, Nicaragua y Cuba. Asimismo, estigmatizan, inventando todo tipo de falsas noticias (fakes news), a los países progresistas y a sus figuras, políticos y gobernantes. Por ejemplo, Evo está de novio con una niña de doce años, Daniel Ortega tiene encarcelados a todos sus opositores, en Venezuela no existe la democracia, etc., etc. Ni que hablar de los medios concentrados de nuestro país, con Clarín y La Nación a la cabeza, como vimos en sus tapas, alineados con Washington para boicotear sistemáticamente cualquier intento de geopolítica regional soberana.
La creación del Grupo de Lima marca a las claras la intención de la geopolítica de Washington y sus lacayos locales de los países de nuestra región. No sólo se trata de derrocar a Nicolás Maduro, uno de sus principales objetivos, sino de trabajar contra los gobiernos y las figuras que representan los intereses nacionales y populares. Así tenemos el envío de material bélico para reprimir la protesta social frente al golpe de Estado en Bolivia, por parte del gobierno de Cambiemos, con Mauricio Macri a la cabeza, que fue destapado y documentado por el gobierno boliviano de Luis Arce Catacora.
No obstante, la pelea por la deuda es un mojón más de la lucha por la soberanía y la receta del sometimiento no es la mejor. Fijémonos qué importante sería hoy para encarar el cuestionamiento de la deuda tener una posición más fuerte en el espacio mediático. Podríamos lograr una mayor convocatoria de apoyo popular a una medida de este tipo. Imaginemos que Alberto Fernández, en Cadena Nacional, realice un pedido de apoyo al pueblo para sostener el cuestionamiento y no pago de la deuda. Con el noventa por ciento de los medios en manos del bloque de poder de la oligarquía, ¿podría tener éxito la convocatoria? Es evidente que no. Cada triunfo de la oligarquía, y la concentración de los medios es uno muy claro, va jalonando el camino de la subordinación y el sometimiento.
En un discurso público Cristina Fernández ya lanzó algunas ideas y propuestas de carácter insumiso, cuando le pidió al FMI que nos ayude a buscar los dólares que fugaron el gobierno mafioso de Mauricio Macri en sociedad con los especuladores financieros internacionales. En una carta del 18/1/20229 Cristina vuelve a la carga cuando dice:
“Te acordás ¿no? Le dieron un préstamo excepcional de 57.000 millones de dólares para salvarle el gobierno y ayudarlo a ganar las elecciones. No sólo no ganó las elecciones, sino que además no se sabe donde están esos dólares. ¿Alguien los vió? En todo caso, por favor llamen al 911”[2]
La deuda fue contraída en condiciones violatorias de las normas del FMI, no pasó por el Congreso Argentino y no se sabe, como bien señala Cristina, dónde están los dólares. Para fundamentar el carácter fraudulento de la deuda y encarar el camino de su cuestionamiento es muy interesante y valioso el artículo de Fernando Rosso en Tiempo Argentino, sobre “La deuda odiosa”:
“Según la doctrina internacional elaborada en 1927 por el prestigioso jurista y profesor de derecho ruso, Alexander Sack, y conocida como de la “Deuda Odiosa”, una deuda puede ser catalogada de esa manera cuando cumple dos condiciones esenciales: 1) la ausencia de beneficio para la población porque fue contraída contra el pueblo, el Estado y/o en beneficio individual de los dirigentes o personas próximas al poder; y 2) la complicidad de los prestamistas, precisamente porque los acreedores sabían (o estaban en condiciones de saber) que los fondos facilitados no favorecerían a la población.
Se la ha denominado como doctrina de la “deuda odiosa, execrable, ilegítima o injusta” y fue puesta en práctica en numerosas ocasiones a lo largo de la historia. Según esta perspectiva jurídica, una deuda externa contraída, creada y utilizada contra los intereses de los ciudadanos del país, no tiene por qué ser honrada y no es exigible su devolución ya que los prestatarios habrían actuado de mala fe. En todo caso, tales deudas podrían considerarse personales, debiendo responder quienes las hayan contraído a título individual y no el Estado en su conjunto. El concepto es similar a la nulidad de los contratos firmados bajo coacción.
En una entrevista reciente para La Izquierda Diario, ÉricToussaint, especialista en deudas y portavoz de Comité para la abolición de las deudas ilegítimas explicó que Sack llegó a la elaboración de su doctrina después de estudiar más de un siglo y medio de litigios sobre deudas soberanas en el mundo: analizó las experiencias de la Revolución Francesa o la Independencia de México; el repudio de deuda por parte de Portugal en 1837; el de los Estados Unidos por esos mismos años y después de una crisis bancaria; el repudio realizado por Abraham Lincoln al final de la Guerra de Secesión en 1865; el que llevó adelante el naciente país de los soviets en 1918; el repudio de Costa Rica de 1919; y el tratado de Versalles en el que también hubo anulación de deuda, entre muchos otros.
La doctrina está presente -desde ya- en la discusión sobre la obligación de pago de la deuda externa en aquellas naciones en las que existieron dictaduras, monarquías absolutas o gobiernos no democráticos. Sin embargo, para Sack, la naturaleza despótica o democrática de un régimen no es determinante. Incluso va más allá, una deuda contraída por un régimen autoritario puede, eventualmente, ser reembolsada si sirve a los intereses de la población. Pero una deuda tomada por el gobierno de un régimen democrático puede ser calificada como “odiosa”.
El ministro de Producción de la Nación, Matías Kulfas, demostró un llamativo desconocimiento de este último aspecto de la doctrina cuando se desarrollaba el debate en comisiones para el tratamiento la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva y luego de ser interpelado por el diputado del Frente de Izquierda, Nicolás del Caño. Claro, la interpretación u olvido de ese aspecto de la doctrina que sentencia que una deuda tomada por un gobierno democrático se puede enmarcar dentro de la categoría de “odiosa” era funcional al objetivo del ministro: fundamentar que no quedaba otra posibilidad que pagar la deuda contraída por el expresidente Mauricio Macri.
Si como han demostrado múltiples investigaciones, la deuda externa argentina de conjunto y desde tiempos antediluvianos puede ser catalogada como “odiosa”, la que contrajo el macrismo es un caso paradigmático: ni un dólar benefició a la población y sí al personal dirigente o a quienes estaban próximos al poder. Además, existió una absoluta complicidad de los prestamistas. Como es de público conocimiento, porque fue un saqueo a cielo abierto, la mayor parte del dinero de la deuda tuvo como destino la fuga y la especulación y en el último tramo sirvió para la financiación de la campaña electoral de Macri. Por si hacía falta algún argumento jurídico más, no cumplió con los requisitos legales y el FMI tenía pleno conocimiento.
Hasta acá, los argumentos jurídicos. Pero la deuda también es “odiosa” porque condicionó un ítem que está en el corazón de la llamada “Ley de Solidaridad”: la cuestión previsional. Cuando la economía logró cierto crecimiento, los jubilados se vieron perjudicados porque se modificó la fórmula para recalcularla en función de la inflación; cuando por primera vez podrían haberse beneficiado de una fórmula basada en gran parte en la inflación (fórmula cuestionable, pero que en la coyuntura los favorecía) la fórmula se suspendió y los aumentos quedan al arbitrio del Ejecutivo. Para fundamentar el cambio se habló de la necesidad del “equilibrio fiscal” y la “consistencia macroeconómica”, una música que es la más maravillosa para los oídos sensibles del FMI y los acreedores.
Tanto en el plano jurídico, como desde la perspectiva política o incluso desde el punto de vista moral, la deuda argentina es a todas luces una deuda odiosa”[3].
Está muy claro, la deuda es odiosa porque tuvo como objetivo mantener a Mauricio Macri en el poder, es odiosa porque se contrajo violando las normas del FMI, es odiosa porque no benefició al pueblo, sino que se fugó, es odiosa porque hubo complicidad de los prestamistas. ¿Qué más hay que argumentar para que quede claro que hay que buscar las formas de que esta deuda no la paguemos con el quiebre de la Argentina y el sufrimiento de su pueblo?
Es cierto que para llevar adelante la estrategia de la impugnación de la deuda se requiere, como señalamos, poder interno y poder externo. Y la tarea está en construir ese poder. Pero lo primero es tener la voluntad de construirlo, lo que hasta el momento no ha mostrado el gobierno. Esta reflexión que le proponemos a la ciudadanía que conforma el amplio campo popular, es un minúsculo, pero primer paso, en esa dirección.
El ciudadano politizado
19/1/2022